LA SORPRESA DEL FEMINISMO EN GUANAJUATO
Diana Cortés
Al
momento de escribir esta columna sé que tengo dos opciones: Escribirla enojada,
porque hay gente que no entiende, porque la discusión se hace eterna, porque
los argumentos son siempre los mismos porque no entienden que no entienden. O
puedo, por esta vez, escribir desde mi esperanza. Elijo la segunda.
Según datos publicados por el
vaticano, México es el segundo país en todo el mundo con el mayor número de
personas católicas. Y de acuerdo con el INEGI, el 89.3% de los mexicanos
profesa dicha religión. Guanajuato supera el porcentaje nacional pues el 94% de
los guanajuatenses es católico. Esto ayuda a explicar muchas cosas. En Guanajuato Capital es común ver lonas afuera
de las iglesias condenando al aborto, es común ver personas en las calles
rezando día y noche pidiendo por el feto, es común y explicable.
Una de las únicas veces que
en el estado de Guanajuato se ha hablado del aborto, fue en el año 2000, cuando
los legisladores del PAN propusieron que este se castigara en todas sus formas,
aun cuando fuera producto de una violación. El tema fue noticia nacional,
levanto quejas por todo el país y obligo al entonces recién electo presidente
Fox a deslindarse del trabajo de sus legisladores locales. Estos finalmente se “tocaron
el corazón” y propusieron en cambio que fuera penado con menor severidad. Hasta
ahora, el código penal del estado considera el aborto como un delito grave, con
los excluyentes de violación y cuando sea incidental. La existencia de estos
excluyentes es un fenómeno de alto interés pues se maneja bajo el supuesto de
que el aborto es siempre responsabilidad de la mujer, es siempre castigable
cuando la sexualidad se ejerce de manera libre y solo puede ser permitido
cuando la mujer ha sufrido. En caso de violación no se defiende al feto porque
en realidad no se defiende la vida, se castiga la libre expresión de la
sexualidad.
El pasado viernes 28 de
septiembre se convocó en la capital a una marcha en pro del aborto legal,
seguro y gratuito. La cita era a las 3:30 de la tarde en la plaza de la paz,
frente a la basílica de Guanajuato, donde ya estaban instalados los católicos
con su vigilia de 40 días y 40 noches. Los ánimos no estaban muy altos, los
pañuelos azules superaban en número y tenían más organización. El bando verde
estaba nervioso. Pero poco a poco fueron llegando más mujeres, hombres, niños y
niñas y la cosa cambio. Los pañuelos verdes ahora eran mayoría y con manos
temblorosas, pero voz firme exigían derechos y pedían por la vida de las
mujeres. Los ánimos fueron subiendo y la protesta se convirtiendo en fiesta.
Destacada entre los asistentes había una niña de alrededor de 12 años que
acompañada de su papá se hizo de los micrófonos por unos minutos para encabezar
las consignas que más les gustaban “ahora que estamos juntas, ahora que si nos
ven, abajo el patriarcado se va a caer se va a caer” y todos los asistentes
bailaban, las consignas se cantaban, se
disfrutaban. Y es que el ambiente no podía ser de más sororidad, se estaba
rodeado de mujeres poderosas, libres y valientes ¿Quién va a poder detener este
movimiento? ¿Quién va a poder detener a estas mujeres?
| Foto. Salvador Escobar |
Guanajuato, acostumbrado a
escuchar solo las voces conservadoras y a las elites políticas se encontró con
una sorpresa: las mujeres estaban cansadas de seguir en vulnerabilidad y
salieron a tomar las calles. Esa tarde de septiembre el movimiento feminista
llego para quedarse. Las mujeres se convirtieron en un actor político dispuesto
a hacerse escuchar, a hacerse visibles y a luchar todas las batallas que tenga
que luchar.
Cuando los cerros de la
ciudad se empiezan a pintar de verde da esperanza. Esperanza de que la
naturaleza sigue viva y de que en el futuro habrá frutos y flores. El 28 de septiembre Guanajuato se pinto de
verde.

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