Todo final termina en Punto y seguido

viernes, 26 de octubre de 2018

¿MÉXICO ES TOLERANTE?




Eduardo Martín Piedra


Recién leía una columna que decía que tolerancia y pluralidad van de la mano, al menos en todo occidente. Carlos Tello decía en ese texto que

Al surgir la conciencia de la pluralidad, surgió también la tolerancia, o su contrario: la intolerancia. En este sentido, la primera fue —es— una condición de la segunda. La pluralidad es un hecho, no un valor. Los individuos y los pueblos tienen, en efecto, ideas muy diversas —a veces contradictorias— sobre el bien y el mal. (Tello, 1997)

Hace muchos años, en tiempos de la revolución cristera varios grupos de católicos manifestaron ser victimas de la represión en el Estado. Dijeron que su libertad de culto y su libertad misma había sido reprimida. En ese momento tenían razón. Era innegable la acción de censura que el estado mexicano había tomado.  Era rotundamente necesario que defendieran su libertad y gracias a eso lo consiguieron.  Ahí el estado NO era ni plural, ni tolerante.  Era por mucho, la primera vez que un grupo cristiano había sufrido en carne viva la intolerancia. Pues con llegada del cristianismo a la mayoría del continente americano se establecieron sus dogmas como únicos. Como prueba, basta recordar la figura de la inquisición, quien era una institución intolerante con otras religiones y prácticas.  

Terminada la etapa cristera -y en el trance de una reconstrucción de identidad nacional- el cristianismo en México se mantuvo encendido y sobre todo poco cuestionado. Hubo distintos grupos religiosos que llegaron a establecerse al país y no hubo mayor disturbio. La situación se comienza a agudizar por ahí de la década del sesenta y setenta con surgimiento de la revolución sexual.  El arribo de movimientos de estilo hippie y la llegada de la segunda ola del feminismo en toda Latinoamérica puso en jaque las formas de planificación familiar planteadas bajo el dogma cristiano, la idea de tener los hijos que dios nos de comenzó a ser sustituida por la posibilidad de que las mujeres emanciparan sus cuerpos y comenzaran a cuestionar sobre el numero de hijos que querían o podían tener. En ese momento los católicos pegaron el grito en el cielo con la llegada del condón y la píldora anticonceptiva, pues de una u otra manera era una forma de alterar el orden monolítico plateado por ellos. Gracias a Dios y al paso del tiempo ese debate fue superado.

Ahora en épocas más contemporáneas y con el postulado feminista de la posibilidad de que las mujeres aborten, el debate sobre la vida, sexualidad y salud reproductiva se vuelve a abrir. Las disputas por parte de quienes están en favor de que las mujeres decidan sobre sí mismas y busquen la asistencia que el Estado les debería brindar han innovado su discurso con la búsqueda de argumentos nuevos que generen discusiones diversas. Y no sólo eso, si no que también se han unido a este tipo de debates otras minorías tales como los movimientos de las chicas trans y demás personas de la comunidad LGBTTTI quienes también abogan por la búsqueda de igualdad de derechos, condiciones y oportunidades para quienes han sido violentados con discriminación y homofobia.


 Quienes se oponen a esto regularmente argumentan que tienen derecho a pensar distinto y que eso es plural y diverso, sin contar las estrategias que en ocasiones tildan de perversas como el tergiversar la información o buscar por otros medios la censura en espacios públicos.

En principio, la búsqueda de estas exigencias por parte de las mujeres y demás colectivos de la población da cuenta de una nueva configuración societal dentro de México, es decir, el abanderamiento de estas nuevas luchas significa una propuesta de pluralidad que México no había tenido durante mucho tiempo, y que ahora se pueda hablar de matrimonio igualitario, de aborto y de otras causas es resultado de la pluralidad y la democratización de ciertos espacios. Mientras que el argumento de la banca católica responde, no sólo a una época pasada, sino que además ignora (a manera de resistencia) este cambio societal, y esto los obliga a ser poco innovadores y refugiarse sólo en decir que estan siendo intolerantes con ellos.  A la luz de todo esto resulta por mucho imparcial.  Pues resulta que estos - los católicos- han tenido la batuta de lo que es plural y lo que no, desde tiempos coloniales. 

Desde de este punto la disputa central gira en torno a lo que es tolerancia y sus implicaciones.  Es menester decir que la palabra Tolerancia tiene dos caras:

La primera tiene que ver si atendemos al significado del verbo “tolerar”, éste lo hallamos en clave negativa: aguantar, soportar, resistir, sufrir, consentir, permitir, etc. El acto de tolerancia presupone, primeramente, la existencia de razones para no admitir una acción, una ideología o una creencia. Por otro lado, el concepto en su cara positiva tiene que ver con una actitud caracterizada por el esfuerzo para reconocer las diferencias y comprender al otro, es decir, reconocer su derecho a ser distinto. (Beltrán, 2004)

Además, esto se hace más complejo cuando no sólo se trata de opiniones simples o debates cortos como el no estar de acuerdo en que comer hoy con los amigos o cual cigarrillo elegir, si no cuando se trata de problemas de convivencia respecto a las minorías, en donde salen a la luz comentarios que resultan producto de prejuicios y estereotipos.  Tal como el caso que la presente columna atiende, el problema de interpretar el sentido positivo de la palabra tolerancia es más complejo que sólo permitir el pensar diferente, de hecho, resulta bastante reduccionista cerrar el debate a justificar que simplemente son ideas que pretenden ser impuestas, en tanto se contraponen con experiencias que grupos sociales minoritarios han vivido y que legitiman sus causas.

De la misma manera. La tolerancia no puede ser nunca absoluta ni incluir cualquier tipo de conducta, ya que entonces los fanáticos y los intolerantes intentarían imponer sus convicciones por la fuerza y sin respetar el Estado de derecho ni las libertades individuales (Baigorri Goñi et al, 2000, pp92)

Ya no estamos en épocas de la inquisición, ni en la censura contra la iglesia como el México de inicios del siglo pasado. Ahora nos enfrentamos no sólo la pluralidad de ideas, sino de formas de vida, de concebir el mundo, en buscar soluciones distintas, en manifestar sexualidades distintas.  Ahora los retos son más complejos que antes. La bancada religiosa tiene que hacer una pausa y repensar en que su derecho a ser distintos no tiene sólo que ver con puntos de vista, sino que influye en las formas de vida de otros, tal como ha pasado durante mucho tiempo. Así como las minorías tienen también que buscarse a sí mismas y pensar en otras estrategias que no sirvan de puente para que otros desvirtúen sus causas.

En México necesitamos hablar de Tolerancia y con ello de todas las implicaciones. Necesitamos transitar ese callejón que aprisiona el debate y comprender los límites que tienen ciertas posturas. Es ese justo el problema, México no es tolerante. La pluralidad existente en el país resulta relativamente novedosa y hasta amenazante a aquellos grupos que hasta hace no mucho estaban acostumbrados a la homogeneidad en sus postulados y dogmas. Desde la época cristera y hasta ahora el orden relacionado con la vida había sido poco cuestionado. Si no nos acostumbramos a ver la tolerancia como una practica y no como una excusa jamás lograremos transitar a una sociedad más justa.

Baigorri Goñi et al., (2000) Los derechos humanos: un proyecto inacabado, Madrid, Ediciones del Laberinto, 2000, p. 92.
Beltrán Gaos, Mónica. (2004). Tolerancia y derechos humanos. Política y cultura, (21), 179-189. Recuperado en 25 de octubre de 2018, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-77422004000100012&lng=es&tlng=es.
Tello Díaz, C (1997) Pluralidad y Tolerancia en Nexos, consultado el 25 de octubre de 2018. Disponible en: https://www.nexos.com.mx/?p=8331


lunes, 15 de octubre de 2018

NO ENSEÑEMOS A LAS MUJERES A CUIDARSE, ENSEÑEMOS A LOS HOMBRES A NO VIOLAR


Gabriela Almanza

Un hombre es muchas veces el testigo cuando a una mujer le dicen “tienes que darte a respetar” o “cuídate, sino los demás no lo harán”. Crece, como la mayoría de las personas, entre constantes comentarios machistas y después, como aprendiz del entorno, los toma para actuar y desarrollarse como resultado de las ideas que le son impuestas.

Le muestran a un hombre desde niño que el respeto a una mujer tiene horario, lugares determinados, y que se pone como un accesorio que sólo combina de acuerdo con la ropa que usa, según si la falda o vestido no son muy cortos (“fácil”) o muy largos (“mojigata”) y si un atuendo muestra y oculta lo que quieren ver, de manera que toda prenda debe buscar el agrado del ojo masculino. Muestran una idea de cómo tiene que lucir para que sea digna de consideración.

Entonces los hombres entran a una lógica aprendida: se respeta a la mujer que se de a respetar, que siga los estándares conforme a los cuales debe lucir y actuar, aquella que no se respete no tiene que ser escuchada o cuidada, por lo mismo no tiene que sorprender que sea abusada por el hombre que entiende que ella es la que hace mal.


Que una mujer hace mal porque se emborracho en una fiesta, que hace mal por creer que puede andar en las calles que quiera a la hora que guste, hace mal al bailar de esa forma, vestir como hace, expresarse de la manera que le plazca y que en general, hace mal por pensar que puede vivir como quiere.

Que un hombre esté educado a no violar, no es tan obvio de enseñar si se ve lo poco que se practica. ¿Qué entiende por abusar de una mujer? Que si es su pareja no sucede la violación, pues todo el tiempo debe estar dispuesta a tener relaciones con él; que si no se ha negado, no está mal, incluso si la mujer no se encuentra en un estado de plena consciencia para tomar decisiones; que si ya llegó hasta la habitación, entonces debe tener sexo, no se puede negar en pleno momento; que puede tocarla todo lo que quiera, si no la penetra no está causando daño o faltándole el respeto a su cuerpo.

“No enseñemos a las mujeres a cuidarse, enseñemos a los hombres a no violar”, que ya bien se sabe que aprender no está solo en palabras, sino en acciones. Que todos los actores involucrados en la formación de un niño deben demostrar que no importa la situación, el lugar o como luce una persona, debe ser respetada, como una regla automática que se tiene que mantener en la mente de alguien desde una edad temprana. Saber para educar, para que la generación que en un futuro sean padres, abuelos o un modelo a seguir para cualquiera, sepa enseñar que el cuerpo de toda mujer es digno de ser tratado con el mismo respeto.

martes, 9 de octubre de 2018

DUELE, LUEGO EXISTO (68-18)


Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad. Sangre con sangre.
Y si la llamo mía traiciono a todos.
Rosario Castellanos

Duele, luego existo (68-18)
Irani Larios

El lenguaje es maravilloso, nos permite nombrar lo intangible, algo que sabemos que existe, pero no sabemos exactamente porqué o cómo. Por ejemplo, dos palabras que me gustan son “memoria” y “utopía”.

Memoria, “un depósito en que bullen, y a la vez eclipsan o sedimentan, los recuerdos que hacen posible la definición de existencia en un presente”[1]. En otras palabras, lo que hace posible definirnos ahora mismo, que da nitidez a nuestra existencia: la capacidad de vincular el pasado con nuestro presente. Somos porque fuimos y seremos porque somos.

La Utopía, el lugar que no existe, lo deseable (el anhelo, la esperanza); como el mejor de los mundos posibles que podemos imaginar. La utopía hacia la que caminamos y, sin embargo, nunca podremos alcanzar, no porque no avancemos, sino por la capacidad infinita de pensar un lugar mejor.

El pasado 2 de octubre se dio lugar a la marcha conmemorativa de los 50 años de la masacre en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. El movimiento del 68 estaba conformado por estudiantes, profesores, campesinos, intelectuales, amas de casa, entre otros agentes de la sociedad y demandaban la libertad de presos políticos, mayores libertades políticas y civiles, así como la democratización del Estado y el fin del autoritarismo del gobierno del Partido Revolucionario Institucional. Los estudiantes, en particular, exigían la desarticulación del cuerpo de granaderos, así como la destitución de los jefes de la policía preventiva que habían ocupado algunas escuelas desde la mitad del año en cuestión, entre otras cosas. Todo se perpetró el 2 de octubre, diez días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos en nuestro país, mediante la Operación Galeana.

Marchamos alrededor de 45 mil personas desde Tlatelolco hacia el Zócalo capitalino. Pusimos el cuerpo porque es lo único que tenemos para manifestarnos, eso y la rabia y sed de justicia y seguridad. Marchamos con pancartas, música, bailes, consignas, banderas (multicolor, negras, verde/blanco/rojo) y en medio de ese caos, se podían observar destellos de performances. Aquello era una marcha, pero parecía un happening.[2] Nada estaba deliberado en su conjunto, no podíamos controlar lo que el otro hacía, no estaba premeditado: todos éramos espectadores y actores al mismo tiempo.

Se oían las consignas recurrentes: “¿por qué nos asesinan? si somos la esperanza de América Latina”, y al terminar se agregaba: “y tiemblen los machistas, que América Latina será todo feminista”. Los que nos reunimos aquella tarde, pensamos, con palabras como “Esperanza” o “será”, mejores mundos posibles. Mientras marchamos juntos al Zócalo,  pensamos la utopía.

También, se pudo ver que la marcha del 2 de octubre ya no sólo representa al movimiento estudiantil de 1968, sus muertos y desaparecidos, en las consignas estuvieron todos los violentados que siguieron, incluidos los 43 normalistas de Ayotzinapa. La lucha del 68 se ha convertido en la madre de todas las luchas. Durante la marcha sucedió una homogeneización de movimientos, y no es que se quiera enfrascar todo en el mismo recipiente, sino que ése año fue un parteaguas para señalar al Estado como lo que es: responsable de crímenes e injusticias.

Quizá no pensamos que marchar va a cambiar al mundo, pero juntarnos para conmemorar es un acto significativo. La marcha del 2 de octubre rompe con la cotidianidad de la ciudad, tal subversión, siempre predecible, se hace para recordar y sostener, que no perdonamos ni olvidamos. Marchamos porque Tlatelolco somos todos, porque nunca hemos estado exentos de no serlo.

Considero que la capacidad de sentir indignación ante un acto de injusticia es lo que nos hace sentir vivos, espero que el deseo y la lucha por un mejor país sean las causas por las que vivimos. El 2 de octubre no se olvida, y si olvidamos, que sea porque ya no existimos, nunca por indiferencia.

“Donde hay vida, hay lucha”





[1] Ricardo García Duarte, Asbalón Jiménez Becerra & Jaime Wilches Tinjacá, eds. Entre la memoria y el olvido. (Bogotá: Universidad Distrital Francisco José de Caldas, 2012), 18-19.
[2]Término acuñado por Allan Kaprow en 1959. Es una manifestación colectiva que requiere la participación activa del público y en la que el proceso tiene tanto interés, si no más, que el resultado” (https://www.ecured.cu/Happening)

lunes, 8 de octubre de 2018

LA SORPRESA DEL FEMINISMO EN GUANAJUATO




Diana Cortés


Al momento de escribir esta columna sé que tengo dos opciones: Escribirla enojada, porque hay gente que no entiende, porque la discusión se hace eterna, porque los argumentos son siempre los mismos porque no entienden que no entienden. O puedo, por esta vez, escribir desde mi esperanza. Elijo la segunda.

Según datos publicados por el vaticano, México es el segundo país en todo el mundo con el mayor número de personas católicas. Y de acuerdo con el INEGI, el 89.3% de los mexicanos profesa dicha religión. Guanajuato supera el porcentaje nacional pues el 94% de los guanajuatenses es católico. Esto ayuda a explicar muchas cosas.  En Guanajuato Capital es común ver lonas afuera de las iglesias condenando al aborto, es común ver personas en las calles rezando día y noche pidiendo por el feto, es común y explicable.

Una de las únicas veces que en el estado de Guanajuato se ha hablado del aborto, fue en el año 2000, cuando los legisladores del PAN propusieron que este se castigara en todas sus formas, aun cuando fuera producto de una violación. El tema fue noticia nacional, levanto quejas por todo el país y obligo al entonces recién electo presidente Fox a deslindarse del trabajo de sus legisladores locales. Estos finalmente se “tocaron el corazón” y propusieron en cambio que fuera penado con menor severidad. Hasta ahora, el código penal del estado considera el aborto como un delito grave, con los excluyentes de violación y cuando sea incidental. La existencia de estos excluyentes es un fenómeno de alto interés pues se maneja bajo el supuesto de que el aborto es siempre responsabilidad de la mujer, es siempre castigable cuando la sexualidad se ejerce de manera libre y solo puede ser permitido cuando la mujer ha sufrido. En caso de violación no se defiende al feto porque en realidad no se defiende la vida, se castiga la libre expresión de la sexualidad.

El pasado viernes 28 de septiembre se convocó en la capital a una marcha en pro del aborto legal, seguro y gratuito. La cita era a las 3:30 de la tarde en la plaza de la paz, frente a la basílica de Guanajuato, donde ya estaban instalados los católicos con su vigilia de 40 días y 40 noches. Los ánimos no estaban muy altos, los pañuelos azules superaban en número y tenían más organización. El bando verde estaba nervioso. Pero poco a poco fueron llegando más mujeres, hombres, niños y niñas y la cosa cambio. Los pañuelos verdes ahora eran mayoría y con manos temblorosas, pero voz firme exigían derechos y pedían por la vida de las mujeres. Los ánimos fueron subiendo y la protesta se convirtiendo en fiesta. Destacada entre los asistentes había una niña de alrededor de 12 años que acompañada de su papá se hizo de los micrófonos por unos minutos para encabezar las consignas que más les gustaban “ahora que estamos juntas, ahora que si nos ven, abajo el patriarcado se va a caer se va a caer” y todos los asistentes bailaban, las consignas  se cantaban, se disfrutaban. Y es que el ambiente no podía ser de más sororidad, se estaba rodeado de mujeres poderosas, libres y valientes ¿Quién va a poder detener este movimiento? ¿Quién va a poder detener a estas mujeres?

Foto. Salvador Escobar
Guanajuato, acostumbrado a escuchar solo las voces conservadoras y a las elites políticas se encontró con una sorpresa: las mujeres estaban cansadas de seguir en vulnerabilidad y salieron a tomar las calles. Esa tarde de septiembre el movimiento feminista llego para quedarse. Las mujeres se convirtieron en un actor político dispuesto a hacerse escuchar, a hacerse visibles y a luchar todas las batallas que tenga que luchar.

Cuando los cerros de la ciudad se empiezan a pintar de verde da esperanza. Esperanza de que la naturaleza sigue viva y de que en el futuro habrá frutos y flores.  El 28 de septiembre Guanajuato se pinto de verde.

miércoles, 3 de octubre de 2018

CONSIDERACIONES EN RELACIÓN AL ABORTO




Por: Estefanía Porras Barajas

En fechas recientes, el debate sobre la despenalización del aborto se ha posicionado con fuerza en el contexto latinoamericano como resultado de los hechos ocurridos a mediados de este año en Argentina, cuando el movimiento empujado por mujeres, lesbianas, travestis y trans, entró al poder legislativo. El proyecto Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, tenía como finalidad el ejercicio de la plena soberanía de mujeres, niñas y adolescentes sobre sus cuerpos.

Si bien la iniciativa fue detenida por el senado argentino, los efectos se han propagado por el resto del continente con la llamada marea verde, misma que llegó a México y se manifestó en diversas ciudades del país el 28 de septiembre, de la mano con la organización Rosas Rojas y otros colectivos, bajo la consigna: ¡Educación sexual para decidir; anticonceptivos para no abortar; aborto legal, seguro y gratuito para no morir! A razón de lo anterior, es preciso revisar los principales argumentos de cada una de las trincheras.

En términos generales, el aborto refiere a la interrupción de la gestación del feto; puede ocurrir de manera espontánea (o involuntaria), o bien puede ser inducido (o voluntario). El debate se produce entorno a la segunda forma ya que en él cruzan dos derechos fundamentales: la libre decisión de la mujer sobre su cuerpo y el derecho a la vida.
Entre aquellos que se reconocen como pro-vida, los argumentos van en contra de la despenalización del aborto. Bajo esta lógica la suspensión voluntaria de un embarazo supone el delito de homicidio de parentesco, convirtiendo a la mujer en homicida. Así, se considera que deben generarse mecanismos alternativos de atención a problemas como embarazos adolescentes o embarazos en caso de violación, como lo sería el acompañamiento médico y psicológico.

Foto: Olga Medrano. LONGWALKIT CC BY NCND
Sin embargo, los argumentos a favor del aborto se constituyen más allá de “aborto sí o aborto no”, sino que consideran el grueso de factores que producen el acto, como lo son las condiciones socioeconómicas y de violencia en las que ocurren los embarazos no deseados, el acceso a una educación sexual deficiente o conservadora, los vacíos legales cuando las instituciones médicas se niegan a realizar el procedimiento cuando se ha confirmado el caso de violación, etc.

La visión más pragmática para estar a favor del aborto (y a la que suscribe la pluma de esta autora) es que el aborto tiene un impacto en la salud pública, dado que penalizar el acto conduce a prácticas clandestinas bajo condiciones de riesgo para la vida de las mujeres, al ser practicado por ellas mismas, por personas sin preparación técnica o por profesionales médicos en condiciones insalubres.

El aborto ocurre y seguirá ocurriendo para mujeres de distintas clases. Mientras el aborto siga siendo considerado como delito, sobrevivirán aquellas con el poder adquisitivo que les permita solventar la práctica clandestina en condiciones donde su vida no peligre. Quienes no, son condenadas a una maternidad forzada o la muerte.



martes, 2 de octubre de 2018

La marea verde llegó

02 de octubre 2018. Guanajuato, Gto.

Salvador Escobar 

El 28 de septiembre se conmemora el Día de Acción Global por un Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Declarado en esta fecha pero de 1990 durante el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, celebrado en Argentina. 

El movimiento feminista latinoamericano, en ese momento, tomó en cuenta las condiciones en las que se practicaba y se sigue practicando el aborto clandestino. Insalubre y con métodos que ponen en riesgo la vida de la mujer. 

El aborto clandestino es la principal causa de muerte de las durante la gestación, una de cada tres mujeres embarazadas fallece debido a que la interrupción es practicada de manera insegura. Es por eso que las mujeres feministas de latinoamérica decidieron tomar acción por la legalización del aborto en la región. 

El movimiento por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo ha tomado fuerza los últimos meses después de que en Argentina se debatiera en el Senado el proyecto de ley que despenaliza el aborto, resultando 38 votos en contra y 31 votos a favor, iniciando lo que se conoce como la “marea verde”, color distintivo del movimiento. 

Es así que diversas organizaciones feministas en México y el mundo convocaron a marchas en ciudades para la visibilización de la lucha el viernes pasado. En Guanajuato se convocó a las 3:30 de la tarde en la Plaza de la Paz para una manifestación pacífica. 

Alrededor de las 4 de la tarde llegaron cerca de 100 mujeres gritando consignas como: “La maternidad será deseada o no será”, Las muertes por aborto clandestino son feminicidios por parte del Estado”, “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto para no morir”, entre otros. Todas con pañoletas verdes, manteniendo la unidad e identidad del movimiento.  

Debido a la cercanía con las personas que están llevando a cabo 40 días de rezo por el fin del aborto, decidieron moverse poco menos de 100 metros calle abajo, enfrente del ex-Congreso del Estado. Donde siguieron sus demandas y consignas durante otra hora. Poco a poco se congregó más gente, transeúntes, hombres, niñas y niños se quedaron a exigir el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo. 

Foto: Salvador Escobar
Cerca de las 5:30 pm el contingente marchó de nuevo a la Plaza de la Paz, donde se produjo un momento cara a cara con las personas que rezaban afuera de la Basílica de nuestra señora de Guanajuato. Exclamaciones como “Iglesia y Estado, asuntos separados” se escucharon por cerca de quince minutos. Para evitar mayor conflicto, las pro-decisión tomaron el Teatro Juárez por sorpresa para que todos los turistas y personas que se encontraban cerca del Jardín Unión vieran que las mujeres luchan y gritan por un derecho fundamental. 

Ya instaladas en las escalinatas del emblemático edificio, la manifestación se convirtió en una celebración por ser mujer. Los reclamos se convirtieron en canciones y baile contra el patriarcado. Sonrisas y alegría por el acompañamiento en la lucha invadieron los rostros de los presentes. 

Cerca de las 6 de la tarde se agradeció a todos los presentes y se dio por concluida la manifestación. Abrazos y risas entre todas. 

Sin duda la lucha por la soberanía de la mujer es fuerte y viene a vencer. El derecho de la mujer a decidir por su cuerpo no es algo que esté a negociación, es fundamental para acabar con una sociedad patriarcal que niega a la mujer a ser libre y empoderada. La marea verde llegó a Guanajuato.

Entradas Populares