Creo que dormiré…
Grabado
de Leopoldo Méndez
Creo
que dormiré…
Claramente el día es horrible, las gotas de lluvia golpean mi ventana. Yo sólo quiero dormir, después de todo, no puedo dedicarme a otra cosa. La lluvia siempre era tan jodidamente nostálgica, ni si quiera puedo levantarme a prender la radio. ¡Maldita pesadez!
Golpean a mi puerta, claramente no voy a responder, no tengo
ganas, sólo quiero dormir, volver a dormir; pero no puedo. Golpean de nuevo.
Sólo contemplo ese mueble lleno de libros viejos, libros maltratados, algunos
de oferta, y esas estúpidas flores. No voy
a responder, además, me arden los ojos, no quiero que me vean así. ¡Ah,
maldita pesadez!
Es curioso como la existencia humana
carece muchas veces de sentido; vi el reloj, marca las once y media. Continúo y
comienzo a preguntarme mientras repaso con mis áridos ojos la habitación ¿Qué
significa el dolor ante la inmensidad del universo? ¿Acaso la existencia tiene
sentido? Dios en su misericordia no podría… ¿Hay Dios?
Al fin para de llover, estaba harta de
ese ruido espantoso. Pero el día sigue gris, ventoso. Intento recordar qué fue lo que hice mal, a quien dañé en mi
corto paso por la vida, a quien ilusione, a quien amé; todo es confuso. Regreso
mis vista al reloj–tick tack, tick tack- marcaba las once treinta y dos. Haré
otro esfuerzo, sólo para acomodar esta cobija. Quería evadir lo de anoche -
¿Qué fue lo que hice mal?– No me arrepentía de nada, sólo quería una respuesta
¿Acaso me engaño? ¿Hay alguien más? ¿Qué diablos pasó? Sólo quiero dormir. Todo
es un maldito caos y es abrumador, tantas ideas queriendo entrar. Y qué carajo
con esta impetuosa necesidad de encontrar un compañero ¿Para que todo resulte
así? No comprendo.
Creo que cerré bien mi puerta, no
quiero ser molestada. Me siento completamente resfriada, sin energía. – tick tack- Las once treinta y cinco.
Recuerdo aquella tarde de domingo cuando salí con mis padres al parque, yo
tendría 8 años; como los extraño, si tan sólo pudiera llamar a mi madre, pero
no quiero que me escuche así.
Al fin dejaron de llamar a la puerta.
Creo que dormiré, otro poco u otro mucho, no lo sé. Sólo quiero descansar un
poco la mente, tener calma. Tal vez todo pase mañana, en un mes, o nunca, no lo
sé.
1 Estudiante de la licenciatura en Derecho de la Universidad
de Guanajuato, correo: martha.roa.araiiza@gmail.com


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