Todo final termina en Punto y seguido

lunes, 21 de enero de 2019

CASTIGAR LA ESTUPIDEZ


Mariana Patiño

Hace un tiempo leí que México es uno de los países donde la gente manifiesta mayor violencia vía redes sociales[1]. Fue algo con lo que coincidí y sigo haciéndolo, vi mis presentimientos materializados a través de esa investigación. Uno entra por decir algo, a Twitter, cualquier día (admito con pena que sigue siendo mi espacio favorito) y me mentiría a mí misma si dijera que no se maneja un nivel de cinismo, indolencia y agresividad muy alto. Usar la palabra como arma de humillación del otro, convertirla en un medio para descargar irresponsablemente las frustraciones e insatisfacciones personales, y con mayor preocupación apunto: en amenazas y agresiones directas contra todo aquel conocido o desconocido con el que no coincida.

Atacarse a través de internet es una forma de invadir la esfera del otro sin consecuencias, detrás de una pantalla, ridiculizándolo, denigrándolo… ¿Por qué? Porque es fácil. Nadie me va a reprender por poner un “Me divierte” o por responderle a otra persona con insultos. Cuando no hay ningún elemento externo que te exija verdaderamente sacar la cara por lo que manifiestas y haces es muy sencillo teclear la primera idiotez que se te venga a la mente, perder las dimensiones y hasta la cabeza.

Pero eso no es lo más grave. El problema que yo percibo y que se extiende a todas las redes sociales es que cada vez somos más permisivos con los discursos de odio, con la violencia en general. Hablando del caso particular de los mexicanos, bajo la luz de la libertad de expresión y el “humor negro”, que a veces no es sino sacar a relucir nuestra propia insensibilidad y carencia de inteligencia emocional, la incapacidad de ser empático con el otro. Con el que no conozco, con el que no veo y bien podría simplemente dejar de existir y no afectarme en lo absoluto.

Sucede algo como la explosión en Tlahuelilpan y todos tienen algo que decir y opinar… Como país ciertamente atravesamos un momento histórico complejo, con algo tan determinado como el desabasto de gasolina y los problemas lógicos que acarrea. Hay entre la población un malestar general, un enojo y tensión respirables. Pulsiones que encontraron  en la desgracia de otros una válvula de escape momentánea.

Yo, mexicano honrado y trabajador, me regocijo en la muerte de aquellos que se arriesgaron cometiendo una diversidad de ilícitos. Fue consecuencia de sus actos.
Yo, mexicano que todos los días sale de su casa para ganarse un salario dignamente, que hago la fila necesaria para ponerle gasolina a mi carrito y transportarme aplaudo que quien no quiere molestarse en hacer lo mismo haya perdido la vida calcinado. Es lo justo.
Yo, mexicano que detenta una serie de valores y buenas costumbres, de conducta intachable, incapaz de cometer infracción alguna a la ley, carezco del mínimo de sensibilidad como para saber que no se celebra la muerte de nadie, menos debería parecerme algo gracioso o divertido. ¿En qué escala de valores puede uno elegir con qué tragedias ser solidario? ¿Cuánta superioridad moral cabe en el cuerpo de alguien que cree que tiene derecho a determinar quién debe morir y quién no?


Me sorprende muchísimo  la urgencia por tener la razón,  racionalizar el dolor de otros y construir un argumento convincente, con la intención de demostrar que “el oportunismo, abuso y estupidez” de las personas que murieron los convirtieron en acreedores lógicos de lo que les sucedió.

¡Caray! ¿qué ganancia hay en señalar lo obvio? Son hechos evidentes, actuaron con inconsciencia, imprudencia y de forma ignorante. Eso se sabe y no tiene por qué abundarse más al respecto con la autoridad de quien quiere darle lecciones de vida al mundo. ¿Mi estupidez me hace merecedora de la muerte? Cuanta soberbia e indolencia hay en una afirmación de ese tamaño, sin contemplaciones por las necesidades, la realidad y el dolor de una familia.

No soy lenitiva con el delito, no lo justifico. Pero trato de pensar cotidianamente de una forma lógico-proporcional. Desde mi visión del mundo, de la sociedad, de lo bueno y lo malo, no veo cuál es la justicia en morir calcinado por unos litros de gasolina. La justicia no es producto directo ni opera a través de las equivocaciones, no es cruel ni vengativa, ni es un misterioso “obrar del universo”. Es racional, se eleva por encima de las concepciones particulares y actúa coherentemente  con las aspiraciones que busca lograr una sociedad.

Es increíble el doble discurso de aquellos que insisten en argumentar de forma legalista ¡ESTABAN COMETIENDO UN DELITO, ESO ES LO QUE PASA CUANDO ACTÚAS MAL! Pero no se interesan para nada en tomar en cuenta que esos actos están previstos en la ley y que para tales corresponde un determinado proceso y posterior condena. No la muerte.



Por no mencionar lo equívocos y poco acertados que están en su uso de conceptos. No mexicano, esas personas no eran huachicoleros como insistes en llamarlos para legitimar tu discurso y autoconvencerte de que el mundo será un mejor lugar sin esas personas. Los verdaderos huachicoleros no andan “bañándose” en gasolina, ni insisten en permanecer cerca de una zona peligrosa. LOS VERDADEROS HUACHICOLEROS están dentro de PEMEX, avisándole a otros el momento exacto en que pasará la gasolina por el ducto, los verdaderos huachicoleros le venden clandestinamente barriles enteros a las empresas texanas. No el niño o joven que acompañó con un bidón a  efectivamente, su inconsciente padre, no el que solo estaba curioseando sin medir el peligro real al que se exponía. ¿Cómo se atreven a opinar con ese desdén, sin un mínimo de contexto?

Ojalá entendiéramos que ni toda le educación, cultura, grados académicos o dinero alcanzan para distinguirnos como sociedad si carecemos  de calidad (y calidez) humana, de bondad en nuestros pensamientos y actos.

Pueden pensar que el gandallismo es de los peores males de este país y no digo que no sea grave, de una educación y cultura pobrísimos. Pero usted que se burla, que se mofa y celebra, que es menos que indiferente con el dolor de otros, no es espiritualmente mejor persona que ninguno de los afectados.
Admiro y quiero profundamente al México que acudió con comida y cobijas, una muestra de humanidad y apoyo moral, para con las familias que se quedaron esperando para poder identificar los cuerpos de los suyos. Pero aborrezco en sobremanera al pueblo soberbio e hipócrita que es selectivo para dolerse con las tragedias.


[1] México es considerado por la Unión Europea como una de las tres naciones donde más agresividad hay en las redes sociales. Y Roy Campos, director de Consulta Mitofsky, afirma que el 40% aproximado de todas las cuentas de Twitter en México, son utilizadas para atacar. En Riva Palacio, Raymundo, (2017). Twitter para idiotas 20 de Enero de 2019  https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/raymundo-riva-palacio/twitter-para-idiotas

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